Reflexiones desde Freakland

Qué bueno que es estar de vacaciones para disfrutar de tu casa, de un buen güiscazo viendo una peli o trasteando por el Internet. Hacía tiempos que no tenía un día de éstos de no hacer nada más que estar en mi casa, y eso me hace recordar lo guay que es estar emancipado y lo guay que es también que tu compañero de piso no esté en casa nunca y puedas hacer cosas como ir en pelotas por casa, ducharte con la puerta abierta, poner música alta o atracar la nevera sin que nadie, ni tu mamá, te diga nada.
Así estoy, que me he puesto como un ceporro.
La verdad es que hemos cambiado bastante, yo creo, desde el momento en el que decidimos hacer efectiva nuestra emancipación. Ahora hemos ido asumiendo poco a poco nuevas responsabilidades, hemos cambiado la forma de organizar nuestra casa unas veinte veces, buscando la que más nos gustara, la que menos tiempo nos repercutiera, la que mejor funcionase,… Y la verdad es que no hemos encontrado ninguna que cumpliera todos los requisitos. Todas tienen sus pros y sus contras.
Pero poco a poco hemos conseguido lo que pretendíamos: crear un hogar, un hogar compartido para un tiempo largo, mientras buscamos nuestro hogar definitivo. Aquí me siento a gusto: mi casa me mola, me mola ser responsable de mi mismo, me mola tener la nevera llena y una cama para mi solo. Una cama que es mía, no de mis padres, unas llaves que son mías, no de mis padres y una cocina que es mía y no de mis padres.
Y creo que soy un joven afortunado…




En la noche de hoy, un comando armado ha entrado en el salón y ha secuestrado la tarjeta del Ono, de forma que no podrá ver los canales digitales de televisión y deberá satisfacer sus necesidades de ocio con los canales de la analógica, con el consiguiente perjuicio de que dentro de unos meses se va a producir el apagón analógico.




